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Carmen Polo

De Las Asturias

La que había de ser durante cuarenta años consorte del Jefe del Estado español, Carmen Polo Martínez-Valdés, nació en Oviedo el 11 de junio de 1900 en el seno de una familia burguesa y acomodada, hija de Ramona Martínez-Valdés y Martínez-Valdés (de rancia familia de San Cucao de Llanera) y del abogado Felipe Polo Flórez de Vereterra (heredero de grandes propiedades agrícolas en la provincia de Palencia), primogénita de otros tres hermanos: Isabel, Zita y Felipe. La Señora de Meirás (título que recibiría de quien su marido había dejado atado y bien atado que fuera su sucesor en la Jefatura del Estado, a título de Rey, por referencia a la propiedad que les fue donada por el pueblo gallego el 5 de diciembre de 1938, las Torres de Meiras o Pazo de Meirás), viuda de Francisco Franco, falleció en Madrid el 6 de febrero de 1988.

Fallecida bien joven su piadosa madre, el 8 de febrero de 1914, asumió la educación de los huérfanos una tía paterna, Isabel Polo Flórez de Vereterra, quien no tuvo más que continuar las pautas educativas con las que se había dotado la burguesía ovetense a principios del siglo XX, formándose en consecuencia Carmen Polo primero con las monjas ursulinas y más adelante con las monjas salesas, en el colegio bien cercano a su casa sobre cuyo solar se levanta hoy uno de los más céntricos centros comerciales de Oviedo. Como era de esperar en una acomodada familia burguesa ovetense del momento, en la casa familiar, un sobrio palacete en plena calle Uría, la educación era completada por la delicada disciplina de una refinada institutriz francesa, Madame Claverie. Además a Carmen le correspondió asumir, en tanto que primogénita, un poco el papel de la madre ausente respecto de sus hermanos pequeños, sobre todo con Zita, la menor.

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Conoció a Franco en una romería

Una de las monjas salesas que estaba como profesora en el colegio diría, años más tarde, de Carmen Polo: “Era una joven que se distinguía sobre todo por la energía y dulzura. Era una chica muy decidida, siempre estaba dispuesta a tomar parte en todo lo que considerara interesante para ella y para la propia comunidad”.

Carmen conocería al primer y único hombre de su vida cuando paseaba con unas primas por la calle Uría, de Oviedo. Fue aquí donde le vio por primera vez. Iba a cumplir diecisiete años cuando sucedió esto. Más tarde –en vacaciones- tuvo ocasión de conversar con él. Fue en una romería típica asturiana. Años más tarde, ella recordaba el primer encuentro con estas palabras:

«Nos presentaron y charlamos brevemente, siempre bajo la mirada de nuestra ama de llaves. Yo creo que me enamoré de él el primer día que le vi. Yo por entonces estaba en las Salesas. Era un colegio en el que había muy pocas niñas. Éramos veintidós y catorce se quedaron después de monjas.»

Franco era comandante –en Asturias le llamaban “El Comandantín”, por su baja estatura-, con sólo veinticuatro años. La prensa elogiaba su valor. Pero al padre de Carmen Polo no le gustaba que su hija, tan joven, mantuviera relaciones con un militar. “Mi padre se oponía muchísimo a las relaciones”, recordaba la señora de Meirás, poco después de quedar viuda. El padre decía, al parecer, a sus allegados que casar a su hija con Franco era “casarla con un torero, que nunca sabes si va a volver con vida de la plaza”.

"Yo estaba predestinada para Paco

Pero esta mujer que en sus últimos días de vida sólo ansiaba reunirse pronto con su marido, ya decía poco después de casarse: “yo estaba predestinada para Paco y nada ni nadie hubiera podido hacerme cambiar de opinión”.

Tras el primer encuentro, el comandante Franco comenzó a escribirle a las Salesas. Pero, al parecer, las monjas interceptaban las cartas. La propia doña Carmen lo confesaba, hace muchos años, a la revista “Estampa”: “Las monjas guardaban las cartas para entregarlas a mi familia. Por eso yo... no le podía contestar. Fue entonces cuando él decidió presentarse en el colegio: Fue un día de mañanita cuando, en nuestra Misa de las siete y media, vimos devotamente en la capilla al “Comandantín”, como le llamaban todas las muchachas de Oviedo. No debieron desagradarle nuestros rezos y nuestros cánticos, pues su visita matinal a la capilla del colegio se repitió casi diariamente. Y hasta las monjas lo comentaron edificadas, pues Paco ya disfrutaba de su poquito de celebridad”.

Tuvieron que retrasar la boda

El padre de Carmen va cediendo, poco a poco, ante la evidencia de que su hija está enamorada de Franco. El noviazgo de ambos pasa por épocas de zozobra, ya que Carmen Polo ve cómo él tiene que marcharse a la guerra de África. Fueron meses de sobresaltos y temores. Ella confesaría un día recordando aquella época: “Las primeras lágrimas que derramé en mi vida de mujer fueron por él. No fue demasiado feliz mi noviazgo porque, siendo novios, hubo de separarse de mí para marchar a África a organizar la Legión. Era tremenda la espera de las cartas, que se retrasaban más de lo ordinario; era tremendo estar pendiente de las noticias de los periódicos cuando hablaban de las operaciones de Marruecos...”

Y cuando todo estaba preparado para la boda, ésta hubo de posponerse: “A los dos días de conocerse en Oviedo la noticia de la muerte del teniente coronel Valenzuela, que estaba al frente de la Legión, Paco volvió a marcharse”, contaría después la señora de Meirás. El hermano mayor de Franco, Nicolás, fue quien pidió la mano de Carmen en Oviedo. Tras el obligado retraso de fecha, llega, por fin, el día de la boda en la parroquia de San Juan el Real, de Oviedo. A los seis de noviazgo. Doña Carmen diría después, recordando aquel tiempo de relaciones: “Toda mi vida de novia fue una larga espera angustiada. Sabía de los mil y un peligros que Paco corría en África y, a pesar de que en sueños le veía como un ser inmortal, al volver a la realidad todo eran miedos y malos presagios”.

Se casan el 16 de octubre de 1923, siendo padrinos el Rey Alfonso XIII –representado por el general Antonio Olsada, gobernador militar de Asturias- y doña Pilar Martínez-Valdés, tía de la novia. La boda se convierte en un auténtico acontecimiento social, tanto en Asturias como en toda España, dado el prestigio del ya teniente coronel Francisco Franco. La señora de Meirás confesaría después a una íntima amiga: “Nunca he vivido un momento tan emotivo como el del día de mi boda”.

Nace Carmen, la única hija

Franco tuvo, tras la boda, un mes de permiso como luna de miel, viajando a Madrid para agradecerle personalmente al Rey Alfonso XIII su padrinazgo. Transcurrido el permiso, hubo de volver a África, dejando a su esposa en Oviedo, con sus familiares.

En África, el esposo de Carmen Polo conquista la gloria militar día a día ... y, a los treinta y tres años de edad, es nombrado general (el general más joven de Europa). Poco después, Franco monta casa en Melilla y es entonces cuando puede llevarse consigo a su mujer, quien, según diría más tarde, viajó asustada ... aunque “ya con Paco no tuve miedo”. Tras volver a la Península, viven la alegría del anuncio de que van a ser padres. El 14 de febrero de 1926, Carmen Polo da a luz una niña en Oviedo, que es bautizada en la parroquia de San Juan el Real, donde se casaron sus padres.

Una vida casi nómada

Madrid, Melilla, Zaragoza, Baleares, Canarias ... fueron las ciudades donde hubo de vivir el joven matrimonio. De hogar y de casa en casa. Doña Carmen, recordando aquellos años, confesaba: “Yo rezaba mucho a Dios para que cada hogar, cada nuevo domicilio me durase mucho”. Tenían una institutriz francesa para Carmencita. Carmen se ocupaba de decorar cada piso al que llegaban... para, cuando menos lo esperaban, tener que levantar la casa. “Cada vez que Paco llegaba –recordaría después la señora de Meirás-, yo le miraba a los ojos, temiendo que, en un momento determinado, como así sucedió muchas veces, me comunicase un nuevo cambio de residencia”.

Estalla la Guerra Civil

En 1936, al estallar la guerra civil, Franco y su familia se encuentran en Canarias. Y es en Canarias donde se despiden Carmen y su hija de él, para embarcarse en el barco alemán “Waldi”, rumbo a El Havre (Francia). Madre e hija viajan con nombre supuesto. Allí las esperaba el comandante Antonio Barroso, quien las traslada a Bayona, donde se refugiaron en casa de su antigua institutriz, Claverie. A finales de septiembre de 1936, Franco envía a buscarlas a su primo y hombre de confianza, Salgado-Araujo. Cuando Franco comienza a ostentar los títulos de Generalísimo y Jefe del Estado, Carmen Polo se convierte, a su vez, en primera dama. Todos se refieren a ella como "La Señora". Entre sus escasas apariciones de relieve durante la contienda suele citarse

su presencia en la Universidad de Salamanca acompañando al rector Miguel de Unamuno en su salida tras responder a Millán Astray. Se cuenta que en cierta ocasión, a finales de 1936, José Antonio de Sangróniz, que era jefe de la diplomacía de Franco, propuso celebrar una recepción para agasajar a los diplomáticos acreditados ante la Junta de Burgos, pero tuvo que desistir de su idea porque la esposa de Franco no disponía de ropa adecuada. Jamás volvería a repetirse una situación parecida. A partir de ese momento Carmen pondría en práctica su afición favorita: coleccionar sombreros, vestidos y, sobre todo, collares de perlas. Es bien conocido que los joyeros madrileños, y también los barceloneses (y tal vez otros), habían llegado a un acuerdo entre ellos con la finalidad de repartirse las pérdidas por sus respectivos establecimientos [cita requerida] cuando eran visitados por ella, ya que pocas veces estos se atrevían a pasar las facturas a El Pardo.

Carmen aparece casi siempre al lado de su marido. Estos continuos acompañamientos provocaron algunas situaciones difíciles, sobre todo cuando tenían que trasladarse fuera de Madrid, ya que obligaba a que ministros y consejeros fueran acompañados también por sus esposas, lo que a veces creaba problemas con los alojamientos. Terminada la Guerra Civil, se plantea el problema de la residencia del jefe del Estado. Franco se inclina por el Palacio Real, idea que le quita de la cabeza su cuñado Ramón Serrano Súñer (precisamente a éste le daría la idea de crear la Fundación ONCE, que apadrinaría más tarde).
Finalmente, se opta por el Palacio de El Pardo, donde se instalan tras las oportunas obras de restauración, en marzo de 1940. Los veranos los pasaba la familia de Francisco Franco en el pazo de Meirás y de pesca a bordo del yate "Azor". El pazo, que había pertenecido a Emilia Pardo Bazán (familia lejana de Franco), fue comprado, según la versión oficial, por "suscripción popular", por algo más de 400.000 pesetas. El Pardo fue centro del poder político y también de la celebración de algunos de los acontecimientos familiares. En estos casos, todo estaba estudiado y reglado por el protocolo de la Casa Civil, con la voz de Carmen Polo al frente. Uno de los mayores acontecimientos familiares fue la boda de Carmencita con Cristóbal Martínez-Bordiú, hijo de los condes de Arguillo, grandes terratenientes, que además tenía el título de marqués de Villaverde, lo que agradaba especialmente a doña Carmen.

Finalizada la guerra civil, la familia Franco abandona Burgos, donde había vivido en la segunda parte de la contienda, y se instala en Madrid. Tras pasar un tiempo en el castillo de Viñuelas, Franco habla de establecerse en El Pardo. Doña Carmen accede, entusiasmada, y muy pronto brigadas de obreros proceden a la restauración del palacete, que había quedado muy dañado durante la guerra. Las obras se llevan a ritmo acelerado y el 15 de marzo de 1940 la familia Franco se instala en El Pardo, donde estarían por espacio de treinta y cinco años, justamente hasta el día 31 de enero de 1976, en que doña Carmen –ya señora de Meirás- se trasladó a vivir al piso de la madrileña calle de Hermanos Bécquer –en el mismo edificio en que vivía su hija Carmen-, piso en el que ahora ha acabado sus días.

La boda de Carmen, hoy Duquesa de Franco

La “nenuca” –como Franco gustaba de llamar a su hija- fue creciendo y un día del año 1944 se celebra en El Pardo una gran fiesta de sociedad con motivo de su puesta de largo: tiene dieciocho años y los ojos de muchos jóvenes están puestos en ella. Sin embargo, habrán de pasar cuatro años más hasta que el amor llegue a su vida en la persona de Cristóbal Martínez-Bordíu, hijo de los condes de Argillo.

El noviazgo se hace oficial y el 16 de diciembre de 1949 se pide la mano de la hija de Franco. La boda tendrá lugar el 10 de abril de 1950, actuando como padrinos el Jefe del Estado –y padre de la novia- y la condesa de Argillo.

Recibida en Roma por el Papa Pío XII

Doña Carmen Polo realizó diversos viajes al extranjero durante los años en que su esposo fue Jefe de Estado. Así, en 1950 visitó Portugal, país al que volvería a ir en dos ocasiones más, los años 1958 y 1967. Asimismo, estuvo en Roma, en mayo de 1950, acompañada por sus hijos los marqueses de Villaverde –que acababan de contraer matrimonio-, para asistir a la canonización del santo español Antonio María Claret. Con ocasión de este viaje fueron recibidos en audiencia por el Papa Pío XII. En ninguno de sus viajes al extranjero fue acompañada por su esposo, el Jefe del Estado.

Doña Carmen Polo de Franco estaba en posesión, entre otras condecoraciones, de la Gran Cruz de la Orden Militar de Cristo, de Portugal; Gran Cruz de Isabel la Católica, título de noble dama de la Cabeza de Castilla, primera Medalla de la Hispanidad, etcétera...

Coronar a su nieta

Los años pasan y Carmen ve como sus nietos crecen. María del Carmen, la mayor, se casa el 8 de marzo de 1972 con Alfonso de Borbón. Carmen veía con buenos ojos la "operación" que estaba en marcha y que podía convertir a su nieta en reina. Por aquel entonces, Franco estaba ya enfermo y muy disminuido física y mentalmente. Con todo, no pudieron arrancarle la orden para que don Alfonso figurara como su sucesor en lugar de su primo don Juan Carlos. Con la muerte de Franco, las cosas cambian radicalmente para la familia. El rey Juan Carlos le concede, por real decreto, el Señorío de Meirás con categoría de Grande de España.

La muerte de Franco

La mujer de Franco, el 20 de noviembre de 1975, convulsiona España, y la mujer que fue, durante treinta y seis años, primera dama queda rota para siempre por el dolor y empieza a vivir tan sólo volcada en el recuerdo de aquel hombre para el que estaba –como había dicho siempre-“predestinada”. Cientos de miles de personas desfilan ante el cadáver de su esposo, expuesto en el palacio de Oriente, y en los funerales, la Reina doña Sofía, rompiendo el protocolo, se acerca a doña Carmen y la besa en ambas mejillas, en una escena de singular emoción.

La muerte de su esposo la hizo derrumbarse de un modo que, por desgracia, volvería a repetirse cuando, años más tarde, asistía al entierro de su bisnieto Fran –hijo de su nieta más querida: María del Carmen-, muerto en accidente de automóvil.

Adiós a El Pardo

El 31 de enero de 1976, la señora de Meirás dice adiós al palacio de El Pardo. Es un día triste, acompañado, al tiempo, por la tristeza de un día lleno de nubarrones. Por última vez, el regimiento de la Guardia le rinde honores. Son las seis y diez minutos de la tarde y, a los acordes del Himno Nacional, Carmen Polo, su hija y su nieta mayor, Carmen, abandonan el palacio: la señora de Meirás va a comenzar, con la dignidad y la entereza que siempre la han caracterizado, una nueva vida.

La muerte de su bisnieto, uno de los golpes más duros

En los años siguientes a la muerte de su esposo, Carmen Polo vivió la desintegración de su propia familia y recibió uno de los golpes más duros de su vida: la muerte en un terrible accidente automovilístico de su bisnieto Fran, hijo de María del Carmen y Alfonso de Borbón. Su hija, duquesa de Franco y marquesa de Villaverde, protagoniza un incidente con la Justicia, en abril de 1978, al ser sorprendida en el aeropuerto de Barajas transportando en un bolso medallas e insignias de oro y brillantes, regaladas por diversos organismos a su padre. María del Carmen se separa de su marido, y vive en París con el anticuario Jean Marie Rossi. Francisco también se enfrenta con la justicia al ser juzgado y condenado en 1979 acusado de matar a un macho cabrío en una reserva de Tarragona. Merry se separa de Jimmy Giménez-Arnau. Cristóbal pide la baja voluntaria en el Ejército, tras pasar por la prisión militar de Canarias por unas declaraciones que había hecho a una revista en las que entre otras cosas, llamaba al Ejército "casta".

Últimos años

En los últimos años de su vida, Carmen Polo oía misa en su casa. No leía la prensa ni veía la televisión.

Fallece en 1988, a la edad de 87 años.

Carmen Polo en Internet

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