Gaspar Llamazares
De Las Asturias
Gaspar Llamazares Trigo nació en Logroño, La Rioja, el 28 de noviembre de 1957, el segundo de seis hermanos (tres varones: Gaspar, Cristóbal y Enrique; tres mujeres: Sara, Perla, Inés), en el seno de una familia acomodada, formada por el médico Gaspar Llamazares y Perla Trigo Real, nacida en Galicia. Más por vocación y fe religiosa que por necesidad y falta de recursos familiares, decide desde muy joven entregarse a la vida religiosa, pero no para huir del mundo y lograr la salvación individual ajeno a la realidad, como un místico cartujo o un trapense, sino para procurar ayudar a los demás, en cualquier lugar del mundo, como misionero de la orden agustiniana. Gaspar y uno de sus hermanos se dejaron así felizmente captar por la organización católica de los misioneros Agustinos pertenecientes a la Provincia de Filipinas (nombre de una de las circunscriciones españolas de los agustinos, junto con la Provincia de España, la Provincia de Castilla y la Provincia Matritense escurialense), la que en España mantenía entonces todavía una mayor vocación misionera universal (heredera del impulso de aquellos agustinos pioneros a finales del siglo XVI en la evangelización del lejano oriente y del Pacífico, aunque hasta el siglo XVIII no se fundó en Valladolid el seminario para formar sacerdotes misioneros para las Filipinas, relanzado aún en tiempos más recientes cuando Alfonso XIII).
El ya novicio Gaspar Llamazares pasó así largos años de formación en el Colegio Seminario que esa organización católica mantenía entonces en Valencia de Don Juan (León), de donde había de pasar al Colegio de Valladolid, para continuar su formación como fraile de la gran familia agustiniana, antes de ser lanzado al mundo como sacerdote misionero redentor de sus semejantes. Pero España atravesaba las turbulencias políticas del tardofranquismo, y la Iglesia era azotada por la crisis de tantas y tantas vocaciones frustradas. Gaspar se va decepcionando al ir conociendo las interioridades de la organización religiosa que le está formando, y el impresionante Museo Oriental que su organización mantiene en Valladolid muestra con evidencia que el mundo ha ido cambiando mucho, y que ni las Filipinas ni la China son ya lo que fueron siglos atrás. A pesar del activismo revolucionario con el que le recuerdan sus compañeros de convento, poco a poco se va forjando en el joven Gaspar cierta tristeza, a medida que va comprendiendo las dificultades efectivas de redención de los hombres, la fortaleza de las instituciones existentes, la lejanía de alcanzar el éxito en su hasta entonces sencillo proyecto vital... y poco a poco se va trocando y transformando su compromiso individual y su vocación de entrega a los demás: ya no será sacerdote misionero agustino filipino, estudiará medicina, como su padre, pues al fin y al cabo también fue médico Ernesto Guevara, el adalid de la liberación de los pueblos y de los hombres no por la teología, sino por el ejemplo y la práctica revolucionaria.
Decidido el traumático abandono de la carrera religiosa, sustituye ventajosamente su vocación de cura de almas por la de cura de cuerpos, iniciando los estudios de Medicina en la Facultad correspondiente de la Universidad Autónoma de Madrid, y culminándolos en la Facultad de Medicina de Oviedo. Su relación con Asturias había comenzado por Salinas, Castrillón, donde su familia pasaba los veranos y luego largas temporadas.
Y aquella vocación humanista que había dirigido la persona de Gaspar hacia los estudios de medicina fue forjando un interés decidido por la medicina social más que por la medicina egoísta dedicada a la cura individual del otro, un interés por la medicina pública y preventiva más que por la medicina curativa o paliativa. ¡Qué mejor que desplazarse a la República de Cuba para completar sus estudios cursando la famosa Maestría de Salud Pública mantenida por la Universidad de La Habana!
El joven médico Gaspar decide integrarse en la actividad política, a través del Partido Comunista de España en Asturias, el año de 1981, en que comienza a participar en la agrupación de Castrillón, logrando mercer a su impulso, entrega y valía personal, y a la prometedora formación en salud pública alcanzada en Cuba, abrirse rápidamente un espacio en la Comisión de Salud del Comité Central.
En 1985 se incorporó como docente en el Departamento de Medicina preventiva de la Universidad de Santiago de Compostela y posteriormente en la Unidad Docente de Medicina de Familia en Cazoña (Cantabria). Hasta que se traslada, junto con su mujer, a Oviedo, con un puesto de trabajo en el Hospital Central de Asturias. Pero ni la docencia ni la práctica de la medicina sacian sus afanes vitales, y decide entregarse en cuerpo y alma al activismo político. Aquel impulso inicial del joven misionero agustino filipino que dio paso al médico, acabará cuajando en el Gaspar Llamazares entregado definitivamente a la política, como un político profesional más de la coronada España democrática.
Un político profesional que supo conducir Izquierda Unida por el derrotero del humanismo y del idealismo, ajeno a la formación teórica y doctrinal que había caracterizado a quienes procedían del Partido Comunista, pero tan cercano a tantos militantes cristianos izquierdistas que anegaron a los representantes de la quinta generación de la izquierda entre las confusiones de las izquierda indefinidas, extravagantes y divagantes. En efecto, el Partido Comunista de España había impulsado la coalición Izquierda Unida en 1986, en el contexto de las movilizaciones para exigir del Partido Socialista un referéndum contra el ingreso de España en la OTAN. La coalición Izquierda Unida constituida en abril de 1986 fue formada inicialmente por un conjunto heterogéneo de organizaciones de muy distinta ideología y rango: el propio PCE, el Partido Comunista de los Pueblos de España (prosoviético), Partido de Acción Socialista (socialdemócrata), Izquierda Republicana, Federación Progresista, Partido Carlista (de estirpe monárquica, reivindicadora del Antiguo Régimen, pero coyunturalmente «progresista»), Partido Humanista… Algunos de estos partidos abandonaron pronto la coalición, convirtiéndose Izquierda Unida en las elecciones de 1989 en la tercera fuerza política española (17 diputados, 9’14% votos), con el antiguo minero asturiano Gerardo Iglesias (sucesor en 1982 de Santiago Carrillo al frente de la Secretaría General del PCE, en la que se mantuvo hasta su dimisión en 1988, durante el XII Congreso del PCE) como coordinador general de IU.
Las radicales transformaciones acaecidas en la antigua Unión Soviética, triunfantes todos los frentes anticomunistas tras décadas de guerra fría y descomposición interior, llevaron a Julio Anguita, secretario general del PCE desde febrero de 1988, y coordinador de IU desde noviembre de 1989, a potenciar el protagonismo de Izquierda Unida en detrimento del PCE.
Gaspar Llamazares fue elegido en 1988 Secretario General del Partido Comunista de España en Asturias y Coordinador General de Izquierda Unida en Asturias, imponiéndose al sector liderado por Gerardo Iglesias. En 1991 alcanza un acta de Diputado regional en la Junta General del Principado de Asturias, donde ejerce de portavoz del grupo parlamentario de Izquierda Unida. En 1995 es reelegido diputado autonómico, en una lista en la que figuraba como candidato de IU a la Presidencia del Principado de Asturias, y en 1999 es reelegido de nuevo diputado regional. En la legislatura 2000-2004 fue elegido diputado por Asturias a las Cortes Españolas.
A finales de 1999 Julio Anguita es sustituido en la secretaría general del PCE por Francisco Frutos. IU firma un acuerdo preelectoral con el PSOE, que produce una debacle en las elecciones de marzo de 2000, en las que el Partido Popular alcanzó la mayoría absoluta. Izquierda Unida obtuvo sólo 8 diputados y un 5’5% de los votos, enfrentándose a una profunda crisis económica y teniendo que prescindir de muchos de sus empleados y asalariados. IU pasa a ser dirigida por Gaspar Llamazares el 26 de octubre de 2000, al lograr imponerse en la VI Asamblea Federal, sustituyendo a Julio Anguita.
Los enfrentamientos con el PCE se incrementan. En las elecciones generales de 14 de marzo de 2004 obtiene IU sólo 5 diputados y un 4’96% de los votos. Gaspar Llamazares, que se presenta por Madrid, logra una de esas actas de diputado. A finales de 2004 es también reelegido Coordinador general de Izquierda Unida, por un estrecho margen de votos, en medio de una fuerte división interna de la coalición debida a los malos resultados electorales y a discrepancias en torno a la línea política seguida, en pleno acercamiento de la coalición al PSOE.
Ideológicamente IU ya ha optado decididamente por posiciones cercanas a los nacionalismos secesionistas e ideológicas propias de las izquierdas más indefinidas, divagantes y extravagantes. Muchos de los dirigentes de Izquierda Unida reconocen su filiación cristiana y católica, y proceden en muchos casos de la multiplicidad de organizaciones «izquierdistas» impulsadas discretamente desde la socialdemocracia y el anticomunismo internacional entre ambientes católicos progresistas en los años del tardofranquismo y la transición (desde los años sesenta, en plena guerra fría contra la Unión Soviética y la República Popular China).
De nuevo es confirmado en enero de 2005 como Coordinador General de Izquierda Unida, también por un estrecho margen de votos. Desde entonces es Portavoz Titular del Grupo Parlamentario de Izquierda Unida y portavoz en la Comisión Constitucional, de Asuntos Exteriores y Mixta para la Unión Europea. Bajo su dirección la coalición Izquierda Unida ha ido experimentando una división cismática que la ha distanciado del Partido Comunista de España, fuerza política que siempre la sostuvo y la impulsó, hasta el extremo de que en mayo de 2007 sus agentes en Asturias llegaron a protagonizar un violento enfrentamiento, con batalla pública incluida, por el control de la sede de la plaza de América de Oviedo, local que asaltaron violentamente, en el episodio conocido como el Asalto llamazarista a la sede del PCE.
Tras ocho años como coordinador de Izquierda Unida, llevada ya la coalición a un punto insignificante de presencia y relevancia política (en las elecciones al Congreso de los Diputados de 2008 obtuvieron 963.040 votos, el 3,80%, a repartir con ICV en Cataluña), pudo reconocer Gaspar Llamazares como concluida su misión, anunciando su retirada como coordinador el sábado 25 de octubre de 2008, pero informando también que se mantendría casi cuatro años más ocupando el único escaño de diputado nacional español que conserva Izquierda Unida, autopremiándose así Llamazares con un tiempo de reposo antes de volver al ambulatorio a ejercer de médico funcionario, si sucediera que sus amigos no le encargan antes alguna otra heroica misión deconstructora.
Gaspar Llamazares está casado y tiene una hija.