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Marcelino Arbesú

De Las Asturias

Marcelino Arbesú Vallina (1946 † 23 de julio de 2007), abogado de la asesoría jurídica del Banco Herrero de Oviedo (en la que fue íntimo colaborador de Antonio Masip) donde trabajó hasta 2006, en que se jubiló para hacer frente a la fase final de una grave enfermedad contra la que luchó durante un tiempo. Al fallecer los funerales se celebraron en la iglesia de San Isidoro el Real de Oviedo y en la iglesia de Santa Marina de Siero, y siguiendo su voluntad sus cenizas se repartieron entre el cementerio de Santa Marina de Siero y el Sahara. Marcelino Arbesú fue fundador de Tribuna Ciudadana, e impulsor de numerosas actividades solidarias, estaba casado con la pintora Margarita Sancho y tenía dos hijas, Gemma Arbesú Sancho y Violeta Arbesú Sancho. Su amigo el eurodiputado socialista Antonio Masip escribió la siguiente sentida necrológica en uno de sus blogs, el martes, 24 de junio de 2007:

«En memoria de Marcelino Arbesú, compañero del alma. En un debate, en el entrañable Colegio de los Dominicos, sellamos para siempre nuestra amistad. Se peroraba sobre la pena de muerte. Después del bachiller, hicimos una misma carrera, trabajamos en la misma Asesoría bancaria, al lado de los inolvidables Alfredo Prieto, Luis Morilla, Rafael Cuartas…unos verdaderos tipos…Y nos embarcamos en la Liga de los Derechos del Hombre, en la Liga de los Derechos de los Pueblos, en “Amigos del Sahara”,en el Tribunal Russell II, en Amnistía Internacional, en un despacho laboralista gijonés, en alegaciones al Estatuto de Autonomía, en las defensas de una terrible pena capital, en la del campesino resistente de la Panera de Porcieyo, en la del ladrón de la Cámara Santa, en los trabajadores navales y siderúrgicos, en los orígenes de la Unión de Campesinos Asturianos(UCA)…En todo, juntos, incluso estuvo conmigo en el primer paso municipal, no en el de la Alcaldía, sino en el fugaz proyecto que me propuso por sorpresa el PSOE en 1979.»

El periodista Melchor Fernández Díaz escribió en La Nueva España (25 julio 2007):

«Un hombre bueno, un ciudadano ejemplar. El mundo despidió ayer en Oviedo a un ciudadano ejemplar. Digo el mundo y no exagero, porque para Marcelino Arbesú Vallina, que era todo lo de aquí que se pudiera ser, ninguna buena causa le era ajena, por lejana que estuviese, siempre que convenciera a su bien formada inteligencia y apelara a su inagotable solidaridad. A lo largo de su vida de Demócrata con mayúsculas, progresista verdadero y ciudadano ejemplar se entregó a muchas, siempre sin equivocarse, aunque para ir en la dirección correcta hubiera que arrostrar riesgos e incomodidades. Todas esas buenas causas las ennobleció con su participación, siempre desde ese segundo plano en el que el trabajo y responsabilidad quedan fuera de los focos. Hizo mucho y alardeó nada. Pero a Marcelino, como al Berceo de Machado, le salía afuera la luz del corazón y era imposible cruzarse con él y no advertirlo. Fue emocionante comprobar cómo se llenó ayer la gran iglesia que es San Isidoro para asistir en un día de verano al funeral de una persona que no tuvo un cargo público en su vida. Pero, mucho más, escuchar a tanta gente y tan diversa que había muerto un hombre excepcionalmente bueno. Antonio Masip, su amigo del alma, proclamaba ayer en estas páginas que Marcelino Arbesú era la mejor persona que había conocido. Sin duda lo decía de corazón. Lo único que Marcelino no quiso compartir fue su propio sufrimiento. Su mujer, Marga Sancho, en la que encontró la compañera perfecta, al coincidir en su generoso ideal de vida, decía ayer que estaba segura de que, si por algo le dolía morirse, era por la pena que iba a causar a los suyos. Por eso ocultó a todos, menos a ella, la enfermedad con la que luchó durante quince años. Su ejemplo de hombre bueno, de ciudadano ejemplar, de amigo discreto y cariñoso, le sobrevive. Queda mucho de quien tanto dio.»

El escritor David Orihuela dedicó las siguientes líneas a Marcelino Arbesú en La Nueva España (25 julio 2007):

«Gracias por todo, Marce. Estoy seguro de que no te gustarán estas líneas. Siempre huiste de la notoriedad y de los elogios. Tu discreción no era una virtud sino una forma de ser. Pilar de Amnistía Internacional en Asturias, cabeza destacada de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, miembro de Tribuna Ciudadana, del Círculo Cultural de Valdediós, socio de Greenpeace, abogado defensor de presos políticos e inagotable remitente de cartas a las instituciones en defensa de los derechos humanos. Y seguro que muchas cosas más que nunca me contaste por pudor. Sólo hay una forma de describirte y es una anécdota que se me quedó grabada en la memoria. Fue durante los bombardeos de la primera guerra del Golfo. Era Navidad y en la cena de Nochebuena me pediste el número del DNI. Te pregunté para qué lo querías y la respuesta no la olvidaré en la vida. Era para enviar una carta en mi nombre a la Casa Blanca pidiendo que cesaran los ataques contra la población civil. Sabías que esas cartas no servirían para nada, pero sentías que era tu obligación llevarlas al correo. Eso eras tú, un civil, un ciudadano por encima de todo. Nunca encabezaste manifestaciones ni lanzaste proclamas a voz en grito, pero ni un solo minuto de tu vida dejaste de luchar por los más necesitados. A cuántas personas sin recursos habrás defendido en juicios sin aceptar a cambio ni una sola peseta. Cuántos pobres te habrán agradecido aquel bocadillo que les comprabas cuando te pedían limosna. No eras una persona relevante en lo público. Sólo Eduardo García logró que salieses en este periódico narrando la historia de Amnistía. Nunca te vi sentado ante un micrófono escuchando los aplausos del auditorio; pero sin ti y sin gente como tú no tendríamos conciencia de lo que somos. En febrero me llamaste para decirme que estabas enfermo, que querías ver la nieve y el mar y darle un beso a Irene, que la echabas de menos. Te prometo que intentaré con toda el alma inculcarle los valores que tú nos transmitiste a los que tuvimos la suerte de estar cerca de ti. Algún día le explicaré quién era ese hombre con el que jugaba de niña. Gracias por todo, Marce. Nos vemos en el Sahara.»

El periodista Daniel Arbesú escribió en El Comercio de Gijón (10 septiembre 2007):

«Marcelino. SE nos fue como era en vida. Es decir, silencioso, de puntillas, sin hacer ruido. De una forma sencilla, que tuvo incluso bufete en Gijón junto con Antonio Masip y que fue también, durante muchos años, abogado en el Banco Herrero, oficina principal de Oviedo, especializado por cierto en Derecho Hipotecario, entre otras muchas cosas. Compañero de trabajo, aunque se apellidaba como yo, Arbesú, no éramos familia. Decía que yo era su 'colombroño', que es, al parecer, el nombre que designa a dos personas del mismo apellido. Luchó en vano, desde Oviedo, porque el Ayuntamiento de la capital, que tanto presume de ser el faro cultural de Asturias, le dedicará una calle a mi tío y padrino, Constantino Suárez, 'Españolito'. Y eso que tuvo la ayuda de algún catedrático de universidad. Trabajo inútil. El alcalde Oviedo sabrá mucho de muchas cosas, pero de historia de la literatura asturiana e incluso española, anda pez, para su desgracia. Durante algún tiempo, Marcelino y yo trataos de averiguar el origen de nuestro apellido. Poco pudimos conocer. Sabemos, eso sí, que es un apellido español, aunque hay gente con el mismo apellido en Estados Unidos. Sabemos que hay quien firma 'Arbesuk' y como nosotros 'Arbesú'. Que en Asturias es apellido bastante común en Noreña, Pola de Siero, Langreo y en la zona central. Que, aunque encontremos a un Arbesú en Sevilla, nacido allí, les dirá rápidamente que sus ancestros eran de esas zonas de Asturias. El mío, es decir, mi padre, era de Noreña, ciudad condal, por cierto. Todo esto me viene a la memoria al conocer el fallecimiento de mi amigo y ex compañero de trabajo, el abogado Marcelino Arbesú. Amigo, querido amigo, fuiste un hombre bueno. Estarás ya gozando del merecido premio eterno.»

En Escandalera de El Comentario TV, R. M. López Acevedo (24/07/2007 19:39) escribió:

«Un recuerdo para Marcelino Arbesú. Hoy he coincidido en el funeral de Marcelino Arbesú con algunos amigos republicanos, Paco, Plácido, Juan, y Chema, entre otros. Todo acudimos a homenajear a esa bella persona y hombre solidario en múltiples causas desde hace muchas décadas, cuando algunos miraban para otro sitio. Marcelino no se jactaba de lo que hacía y le recordaremos siempre quienes coincidíamos con el en muchos actos republicanos, el último en Noreña, ya afectado por su enfermedad.»

Obtenido de "http://www.lasasturias.org/asturwiki/index.php/Marcelino_Arbes%C3%BA"

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