Proaza
De Las Asturias
Introducción
Proaza está situada en el tramo medio de la cuenca hidrográfica del río Trubia, en la que se incluyen, con la denominación de comarca del Trubia además de este concejo, los de Santo Adriano, Teverga y Quirós. Proaza está circundada por los concejos de Santo Adriano y Grado al norte, Quirós al este y al sur, Teverga al sur y al oeste, y también a occidente, limita con Yernes y Tameza. La comarcal AS-228 que sube desde Trubia, cruza Santo Adriano y llega a Proaza a la altura del área recreativa de Buyera, es su más importante demarcación.
Pertenece a un área muy montañosa, integrada en algunas de las estribaciones de las sierras de Sobia -al sur del concejo-, el Aramo -al este- y Yernes y Tameza -al oeste-. Por su altura cabe destacar las cumbres de La Forcada, La Verde y la Mostachal, así como las peñas de Sobia, Castielly y Alcéu entre otras.
Su principal río es el Trubia, del que es tributario el Teverga; otros muchos cursos fluviales de menor entidad fertilizan el territorio de Proaza, como el Murias, el Villamexín y el Serande.
La estrechez de ls valles y la diferencia de altitudes condicionan el clima de Proza, que se caracteriza por la abundancia de nieblas en las tierras bajas y zonas de depresión y por un notable contraste de temperaturas y pluviometría entre el valle principal y las montañas de cabecera. En la vega del Trubia, el clima es mucho más moderado, con inviernos templados y veranos cálidos y secos.
Sus especies forestales más frecuentes son el castaño, el avellano, el haya y el nogal, así como la encina y el roble. Buena parte de su territorio está integrado en el Paisaje Protegido del Pico Caldoveiro. En el aspecto faunístico, Proaza da cobijo en sus montañas y bosques a corzos, venados, zorros, lobos, jabalíes, tejones, ardillas, liebres, osos, e incluso algunos ejemplares de urogallo.
La producción agropecuaria sigue constituyendo la fuente de riqueza básica del concejo, a pesar de participar del general retroceso al que se ve sometido todo el sector en la comarca, mientras que aproximadamente una cuarta parte de la población se dedica al sector servicios y hay también un pequeño porcentaje de personas empleadas en la industria. En los últimos años las actividades tradicionales se han complementado con iniciativas como la de la senda del Oso, que une los concejos de Quirós, Teverga, Santo Adriano y Proaza.
La Senda del Oso ha cambiado la vida social y económica del concejo, creando una corriente turística sin precedentes que está impulsando una transformación radical del mismo.
Población
La proximidad del concejo de Proaza al centro urbano e industrial de Asturias no ha sido suficiente como para impedir que se viese afectado por los procesos de despoblamiento que han dfinido la media y la alta montaña astur: la emigración y la alteración de su demografía.
Proaza alcanzó el máximo volumen de población en 1900, con 3.517 personas, reduciendo su dimensión en las dos décadas siguientes, para, a partir de 1930, estabilizarse en torno a los 3.000 habitantes. En esta situación se mantuvo hasta 1950, momento en el que se inició un período de continuas mermas poblacionales que parecen no haber terminado todavía.
La despoblación derivada de la marcha de una buena parte de los habitantes del concejo, que resultaron atraidos por las condiciones de trabajo y vida que se les ofrecía en otras zonas (los centros urbanos de la región basicamente, pero sin exluir otros), alcanzó unos valores negativos del orden del 15% en la década de los cincuenta, del 16% en la de los sesenta y hasta del 37% en los setenta (742 habitantes), hasta volver a situarse ligeramente por debajo del 20% a finales del pasado siglo.
Este importante despoblamiento no ha afectado por igual a todo el concejo, de manera que la parroquia en la que se situa la capital, localizada en el fondo del valle y que detenta una función de centro de la comarca, aún cuenta con una densidad por encima de los 100 habitantes por kilómetro cuadrado, en tanto que el resto de las parroquias únicamente Villamejín, con 12 habitantes por kilómetro cuadrado, supuera el umbral de 10.
Un segundo efecto del despoblamiento que es preciso reseñar se refiere al envejecimiento generado, habida cuenta de que se produjo una selección de la emigración fundamentada en la edad; así, el concejo presenta uno de los valores más altos de Asturias en lo que respecta a índice de envejecimiento (2,9), con un 65% de la población con más de 40 años y tan sólo un 14% de menores de 20.
Atendiendo a lo reseñado, no es difícil comprender algunas de las características más sobresalientes de la actual organización económica y espacial del concejo: la disminución de la superficie agrícola utilizada y su concentración en las zonas más próximas a los asentamientos de la población.
Historia
Recientemente (1995) ha sido publicada una breve reseña de la carta arqueológica de Proaza, realizada por S. Ríos, que amplía de forma notable las nóminas de yacimientos prehistóricos elaboradas hace años por J. Manuel González. Los vestigios más antiguos pertenecen al paleolítico, aunque casi siempre se trata de hallazgos estratigráficos descontextualizados, correspondientes a restos de talla, lascas y núcleos. No obstante, no se ha de olvidar en este sentido la proximidad geográfica de yacimientos en cueva con abundante material paleolítico, como la cueva del conde o la del Ángel en Santo Adriano. Del período posterior a la neolitización se conservan nueve estructuras tumulares identificadas por el citado arqueólogo a lo largo de los cordales que separan Proaza de Yernes y Tameza y Grado (Lago de la Barrera, Puertos de Sograndio, Rañón y La Cruz) y en el collado de Canal Seca, entre las parroquias de Villamejín y Pedroveya de Quirós. Las estaciones tumulares se hallan, en ocasiones, geográficamente vinculadas a localizaciones de industria postpaleolítica. La edad del hierro y quizá -aún no han sido objeto de excavación arqueológica- la romanización, aparecen representadas por cuatro asentamientos castreños: dos de ellos inventariados por J. M. González (el de L´Arbeal, en Serandi, y El Picu'l Castiellu en Traspeña) y los otros dos registrados por S. Ríos (El Picu'l Castru en Proacina, y el castro de Bustiello, en Traspeña). Este último autor ha dado a conocer también el hallazgo de un as de la época de Augusto encontrado en Bandujo.
No se cuenta a partir de aquí con más noticias históricas relativas al actual solar del concejo de Proaza hasta la alta Edad Media, período en el que comienzan a proliferar las fuentes escritas sobre el valle. La primera coincide con la creación del núcleo de resistencia astur frente a la invasión musulmana de la Península Ibérica y procede de la crónica A Sebastián. El episodio relata cómo en el año 722, tras la derrota de Covadonga, el gobernador islámico de Asturias -Munuza-, instalado en Gijón, intentó abandonar el territorio por el valle del Trubia en dirección a la calzada de la Mesa, siendo objeto de una emboscada en un lugar al que se refiere como olaliense, donde perdió la vida. Olalies fue identificado por E. Saavedra primero y por Claudio Sánchez Albornoz después, como Proaza.
La documentación procedente de la Catedral de Oviedo comienza con la donación de Gladila, obispo de la diócesis de Braga, a la iglesia de Trubia, en el año 863, que incluye "In Uandugio (Bandujo sin duda) terras et pomares" y "uillare que est inter Pruazia et Carangam". En la supuesta carta fundacional de Santo Adriano de Tuñón, fechada en el año 891, se citan, entre los muchos lugares incluidos en la dotación del monasterio de Tuñón "uilla in Olalies con ecclesiam Sancti Uicentii, uilla Seranti, uilla in Rannon cum ecclesia Sancte Locadie, uilla Caranga cum ecclesia Sancti Iuliani iuxta fluuio Pioza...". Se trata de una enumeración muy útil para descubir estos lugares en el alto medievo.
En el documento conocido como la donación de Fruela II, fechada en el 912 ("In Asturiis in Uandugio ecclesiam Sancte Marie cum sua uilla et cum familia multa ab omni integritate") o el de la confirmación de Alfonso VI, elaborada a partir de varios documentos anteriores, cuya información resulta comprobable para finales del siglo XI. Durante la siguiente centuria se constata el el primer conjunto de noticias relativas a la existencia de una fortaleza en Proaza, que sin duda estaba llamada a ejercer un cierto control sobre el territorio circundante. En el transcurso de las rebeliones protagonizadas por el noble Gonzalo Peláez contra Alfonso VII, El Emperador, el castillo de Proaza constituyó un escenario clave en el enfrentamiento. Peláez estuvo apoyado desde las torres de Buanga y Quirós, "castillos verdaderamente fuertes", según asegura la crónica, que añade cómo las tropas reales "cuando apresaban rebeldes, les cortaban las manos y los pies antes de soltarlos".
Procedente de la segunda mitad del siglo XII, tenemos más información sobre el castillo de Proaza. En esta ocasión, el monarca, a cuyo realengo había pasado la fortaleza con motivo de las rebeliones de Gonzalo Peláez, entregó a la Iglesia de Oviedo en 1184 -Fernando II reinante- el "castellum de Proaza cum omnibus directuris suis et cum uilla de Monte Gaudii cum omni iure regali quod ipsam pertinet".
A pesar de presencia de otras instituciones en la comarca, la catedral de Oviedo fue la que alcanzó un superior nivel de dominación, en un proceso que concluyó con la donación real del castillo de Proaza.
En el transcurso de las centuras bajomedievales "el concejo y la tierra de Proaza" aparece formando parte de la extensas propiedades del Obispo de Oviedo, dueño de más de una decena de cotos y concejos. Puede que la devolución de Proaza al dominio de la Mitra por el conde don Alfonso, hijo bastardo de Enrique II, el 8 de diciembre de 1372 sea un buen reflejo de la gran agitación de la época, pero también lo es la existencia de quejas del obispo contra los agentes del Rey por recaudar impuestos para el conde don Alfonso en su tierras. En 1377 el Rey ordenó descontar cantidades cobradas indebidamente por el conde. Esas disputas llevaron a la encomienda de la gestión de los intereses de la Iglesia a los poderos linajes del valle que llegaron a apoderarse del control de buena parte de los concejos del centro de Asturias como comenderos.
De esta manera, la poderosa familia de los Quirós se adquirió gran poder en la zona, con el auxilio de personajes muy conocidos como Rodrigo Álvarez de Bandujo y Suer Pérez de Bandujo, que tuvieron el castillo de Proaza en la agitada época del conde don Alfonso. Así estuvieron en manos de los Quirós la torre de Bandujo, de gran belleza, que aún hoy puede contemplarse en todo su esplendor; la casa-fuerte de Prada, cuya torre de planta cuadrada pervive aún hoy en día en precarias condiciones -en estos momentos se encuentra en "alquiler"- que sin duda estaba vinculada al puente que salvava el Trubia en las proximidades de la villa. Este palacio fue donado por Lope González de Quirós a su primo Alonso Vázquez de Prada. A esa casa está asociado el sonado episodio del asesinato del notario de Tuñón en la segunda mitad del siglo XV. También la impresionante torre circular de Proaza estaba vinculada a estas familias. Fue mandada construir por Diego Vázquez de Prada, uno de los asesinos del notario, antes de 1491. Este dato contradice la vieja tesis de que esta torre fuese una de las casas fuertes de Gonzalo Peláez, que muy probablemente se encontrase en la zona conocida como Vegamande, donde hay unas estructuras necesitadas de un estudio a fondo que desvele sus implicaciones históricas.
En la edad moderna registramos la institución del mayorazgo de la Casa de Prada (1544) en la persona de don Andrés de Prada, pero sin duda, el acontecimiento más sonado de este siglo fue la redención de los vecinos del concejo que recibieron la autorización papal para comprar su libertad al Rey Felipe II, aprovechando la primera desamortización de bienes de la iglesia que se produjo en vida de este monarca. La compra se produjo el 16 de julio de 1581 y a partir de ese momento Proaza se convirtió en ayuntamiento autónomo, sujeto a la jurisdicción ordinaria. Quedaron en poder de instituciones señoriales el coto de Llendelafaya, que pertenecía al deanato de Oviedo, cuyos jueces se elegían entre los vecinos de Villamejín, Agüera y Tene (Quirós). La mayor hacienda radicada en el coto correspondía al hospital de San Lázaro, leprosería de origen medieval situado en el alto de la Collada de Aciera, que poseía hórreos, casas, tabernas y derechos de cobro sobre diezmos. El otro coto era el de Linares que en el siglo XVIII era propiedad de don Pedro Velarde, señor de la Casa de Prada.
